Propiedades del plano

Año: 1969

Director: Miguel Littín

Propiedades del plano

La capacidad sonora apoyada en la fuerza de las imágenes, para condicionar un lenguaje experimental sobre los fundamentos del delito, la justicia y la marginación social.

El cine chileno experimento importantes signos de cambio tras la creación del Cine Club Universitario a finales de la década de los 50” y la fundación de la Cineteca en 1960, un periodo clave a nivel cinematográfico, donde surgen jóvenes talentos para la cámara, conscientes de la realidad social de un país y la creación de las primeras organizaciones de Cineastas Latinoamericanos, centradas en su tarea de compromiso como de denuncia sobre la diferencia de clases, dentro de un nuevo periodo conocido como el “Nuevo Cine Chileno.

De esta generación de directores surge Miguel Littín y su opera prima “El Chacal de Nahueltoro”, filmada en 1969 dentro de un contexto entre crónica documental y endurecido drama rural, basado en la historia real de José Torres apodado “El Chacal”, un pobre campesino analfabeto que en estado de embriaguez cometerá el asesinato de una mujer y sus cinco hijas, una vez encarcelado sera condenado a muerte mediante un pelotón de fusilamiento.

Un trabajo que partiendo de un relato austero e hiperrealista, mantiene unas señas de vanguardia experimental, que pasaremos a analizar desde el área de sonido apoyada por la capacidad de sus encuadres y la funcionalidad del montaje. Un ejercicio de su director Miguel Littín como critica social, que nos describe la infancia, el crecimiento y la desintegración social de su personaje, extrayendo una profunda denuncia sobre la marginación del mismo pueblo chileno.

La interacción de los sonidos con las imágenes clave en el análisis, reforzaran a través de las diversas secuencias un significado de denuncia, compasión y repulsión en la narración, a la hora de atraer nuestra atención como espectadores, mediante la variante en el espacio de la fuente sonora tanto interna como externa en la historia, en combinación con las cualidades rítmicas de montaje y propiedades del plano, que analizaremos desde diferentes y concretos momentos en la película.

Comenzamos el análisis en un momento de la infancia en José Torres, partiendo del relato como forma de crónica, donde el propio personaje se convertirá en interlocutor de su propia narración. Una infancia durisima para un niño de ocho años, que escapara de casa de sus padres y buscara comida por los caminos. El nivel de sonido de unos cascotes de caballo subliminales persiguiendo a José Torres (FOTO-1), refuerzan de manera expresiva en esta primera secuencia a modo de flashback, la violencia y el miedo en la vida del muchacho. Mediante una cámara en movimiento y un preciso montaje rítmico (FOTO-2) (FOTO-3), la continuidad de la acción entre el perseguidor ya visible y el niño perseguido (FOTO-4) se vuelve angustiosa, una secuencia perceptiva que envuelve al espectador en el realismo escénico, desde la ventaja del sonido diegético y la capacidad del montaje fragmentado.

Foto 01

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Foto 03

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Foto 04

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Posteriormente y desde la misma secuencia, la distancia del encuadre y el punto de vista subjetivo sobre un plano de los guardias perseguidores (FOTO-5) y varios primeros planos sobre Jose Torres, montados de manera progresiva y enfatizados mediante un zoom (FOTO-6) (FOTO-7) (FOTO-8), vuelven a encauzar al espectador desde la capacidad extradiegética de un sonido externo, al espacio de la película y al miedo escénico del muchacho. Un sonido estridente y eléctrico con el efecto de una guitarra, que se convertirá en una especie de leitmotiv y timbre sonoro como forma experimental, a la hora de relacionar un conflicto entre personaje y relato.

Foto 05

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Foto 06

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Foto 07

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Foto 08

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A continuación, el vídeo de la secuencia:

 

Los problemas psicosociales, la humillación de una clase inferior y la intolerancia religiosa en Chile al lado del capital y el ejercito, son fenómenos sintomáticos que Miguel Littín asocia alrededor de la crónica de Jose Torres.
Una nueva secuencia del muchacho siendo amparado en la Iglesia, mientras un grupo de niños comienzan a observarle y burlarse de el, es construida por el cineasta, mediante un travelling lateral de los niños (FOTO-9) (FOTO-10), y su correspondiente barrido de cámara sobre Jose Torres (FOTO-11) (FOTO-12). Por otra parte la secuencia alcanza un verdadero espíritu documental partiendo de su componente dramático, manipulando un silencio interno dentro de la escena y que se romperá bruscamente, con la sostenida toma móvil alrededor de Jose Torres (FOTO-13) (FOTO-14) y el tono sonoro de las carcajadas de burla, resaltando la angustia de la acción expresiva en pantalla.

Foto 09

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Foto 10

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Foto 12

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Foto 13

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Foto 14

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A continuación la experimentación del leitmotiv sonoro asociado al conflicto del muchacho con el efecto distorsionado de la guitarra, hace nuevamente acto de presencia mediante un nuevo plano subjetivo de Jose Torres y un efecto Zoom sobre una figura religiosa del niño Jesús (FOTO-15) (FOTO-16). A su vez el inserto de montaje de un plano de la mano del cura sobre el niño (FOTO-17), podría resultar brusca en la descomposición sonora del plano anterior, pero por el contrario tanto el sonido extradiegético de la nota distorsionada, como la sincronización de la voz (sonido diegético) del plano del cura diciéndole al niño “¿crees en el niño jesús?” (FOTO-18), logran una nueva coherencia como choque dialéctico en la lectura del miedo sociológico, desde el impacto de los fundamentos del sonido, la expresividad y el montaje.

Foto 15

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Foto 16

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Foto 17

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Foto 18

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A continuación, el vídeo de la secuencia:

 

En otro momento de la película con Jose Torres ya adulto, Miguel Littín vuelve a repetir esquemas argumentales alrededor del rechazo, como forma de desintegración en su personaje principal.
Una secuencia de algarabía en la cantina de un Bar con una orquesta de fondo, donde las cualidades internas del sonido en la narración y el montaje sincopado sobre los asistentes disfrutando de la fiesta (FOTO-19) (FOTO-20), funciona como un medio de yuxtaposición de planos para expresar una idea gráficamente (FOTO-21), la desigualdad social y la importancia del dinero entre las clases más inferiores, con la acción sobre Jose Torres siendo expulsado y rechazado violentamente del recinto (FOTO-22).

Planos muy breves de duración donde la movilidad de sus encuadres, vuelven a reforzar una escena tensa e incomoda, mediante el sonido diegético como apoyo dentro de la narración, manteniendo una lectura sociológica como significado dentro del relato.

Foto 19

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Foto 22

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A continuación, el vídeo de la secuencia:

 

Los efectos de sonido dentro de su función extradiegética pueden desarrollar un efecto psicológico, relacionando la movilidad del encuadre y la expresividad del personaje.
En un momento de la secuencia del crimen de Jose Torres, los motivos sonoros y sus cualidades acústicas, ponen de relieve el desequilibrio emocional en la conciencia del personaje y el acto que ha cometido. Una secuencia filmada con la estabilización Steadycam con la cámara, donde la precisión de los movimientos expresivos del actor y la coordinación de la toma móvil, adquieren una atmósfera insoportable y repleta de nerviosismo. Las ventajas del sonido simultaneo sobre las imágenes reflejan una conexión en el conflicto interior de Jose Torres.

Foto 23

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A continuación, el vídeo de la secuencia:

 

Finalizamos el análisis de la película de Littín, con las relaciones sonoras y su impacto visual a la hora de concienciar al espectador, ante la recuperación social de un preso que aprende a leer y a escribir en la cárcel, dentro de un proceso de adaptación e integración y su posterior como irremediable condena frente a la pena de muerte, reflejando la idea entre victima y victimario dentro de una sociedad civilizada.
Ante esta idea destacamos una secuencia previa al fusilamiento de Jose Torres, donde el reportero encargado de la crónica del suceso (FOTO-27), realiza una entrevista al oficial encargado de la ejecución, mientras gira levemente la cabeza y observa el pelotón de la sentencia, situado en la profundidad espacial del plano y fuera de foco. Mientras el capitán moralmente convencido le responde al periodista, que la pena de muerte es una causa justa para extirpar un problema delictivo en la sociedad, la capacidad sonora del grupo de fusilamiento se intercala y atrae nuestra atención mientras realizan una prueba de fuego y escuchamos “apunten”. El solapado de sonido de la prueba de tiro, se sostiene con la capacidad del montaje fragmentado sobre la diana que van a disparar (FOTO-28), y a su vez al grito de “fuego” se produce una coordinación con un zoom de alejamiento y la manipulación del tono sonoro en los disparos (FOTO-29) (FOTO-30).

Foto 27

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Foto 28

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Foto 29

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Foto 30

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A continuación, el vídeo de la secuencia:

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