Propiedades del plano

Año: 1937

Director: Ernst Lubitsch

Propiedades del plano

La función de una puerta como mecanismo de expresión visual dentro de un juego de apariencias en sus personajes. 

El director berlinés Ernst Lubitsch a día de hoy sigue manteniendo intacta su forma de creación cinematográfica, un estilo tan fresco como inteligente a la hora de abordar comedia brillante y en palabras de Jean Renoir , el inventor del moderno Hollywood.

Un lenguaje visual con unas soluciones narrativas sorprendentes, repleto de sutilezas y refinamiento estilístico, donde el funcionamiento de una elipsis logra una combinación con la idea de sugerir más que mostrar en la pantalla.

El llamado “Toque Lubitsch” estaba dirigido directamente al espectador en hacerle participe en cada descubrimiento de una secuencia, tratando de buscar el modo de no contar de manera directa en una escena todos sus detalles abiertos a la sugerencia más subliminal.

Por ello la funcionalidad de las puertas para Lubitsch eran esenciales, más importantes que los propios personajes como bien declaro el cineasta, una metáfora de la vida y una estudiada síntesis de la puesta en escena con una versatilidad y una experiencia heredada de sus orígenes en el teatro recién comenzado el siglo XX.

Analizaremos su película Ángel del año “1937” un trabajo donde abunda un gran peso dramático dentro de la historia, pero que contiene uno de los mayores abanicos de posibilidades a la hora de estudiar el uso funcional de una puerta, su importancia dentro del área de puesta en escena abierta a la experimentación visual y su participación con el espectador.

La historia de un triangulo amoroso le sirve a Lubitsch para elaborar una linea de enredos y una importante lectura sobre la hipocresía de las normas morales y sociales mediante la funcionalidad de un lenguaje abierto a la sutileza narrativa, sabia combinación con la puesta en escena y el uso de las puertas, introduciendo al espectador en un juego de apariencias e infidelidades. Un sofisticado y moderno relato para su época como guion en torno a un matrimonio británico formado por Maria (Marlene Dietrich) y su marido diplomático Sir Frederic Barker (Herbert Marshall), donde Maria aburrida y desatendida en su vida matrimonial y a la búsqueda de una nueva aventura, conocerá a Anthony Halton un aristócrata americano (interpretado por Herbert Marshall).

Comenzamos el análisis resumiendo en dos pizarras la importancia del espacio visual y su relación con los personajes durante toda la trama, en este caso la Mansión de la Condesa Rusa Anna Dmitrievna establecida en Paris, lugar que sera determinante en el juego de apariencias y el desarrollo argumental del triangulo amoroso. Lubitsch mediante un travelling lateral define el movimiento de los personajes y la función de la arquitectura visual, estableciendo una sutileza sugerida para el espectador propia del lenguaje silente y logrando introducirnos en los secretos de las actividades de la Condesa. La distancia del encuadre y la estudiada puesta en escena es determinante.

Foto 01

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Foto 02

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La importancia del espacio de la Mansión de “Anna Dmitrieva” relaciona a los dos personajes “Maria” y “Anthony Halton” en sus correspondientes vidas desatendidas, buscando nuevas emociones que puedan satisfacer sus deseos dentro de una vida repleta de monotonía.

Lubitsch utiliza la puesta en escena para expresar mediante el lenguaje visual de una puerta un espacio propio que de sentido a sus vidas, un espacio que representa un mundo ajeno al medio exterior “o más bien real” en concordancia con sus vidas secretas. Tanto “Halton” (Foto-3) como “Maria” necesitan los servicios de la condesa Rusa, un mundo definido por la función visual de una puerta como metáfora basada en las confidencias de mostrar su insatisfacción en su entorno cotidiano. Por otro lado la relación del aristócrata americano con el personaje interpretado por Dietrich (Foto-4) (Foto-5), mantiene con Lubitsch un sutil emparejamiento narrativo mediante un plano transición de un suave encadenado, logrando con la función de una elipsis visual sugerir una relación entre ambos personajes antes de encontrarse en la residencia de la Condesa Rusa.

Una nueva imagen de “Maria” esperando la ayuda de “Dmitrieva” (Foto-6) vuelve estar al servicio de la función de una puerta y su significación visual del espacio como metáfora a la duplicidad de su personalidad, ocultando su verdadera personalidad.

Foto 03

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Foto 04

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Foto 05

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Foto 06

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Los equívocos en la forma narrativa y la esfera de conocimiento entre personajes adquieren en Lubitsch gran relevancia con una hábil simbiosis de la puesta en escena, de nuevo la función de una puerta supone el primer encuentro de Maria con Anthony Halton (Foto-7) (Foto-8), una presentación desde un mundo real a uno ficticio. María hace creer que es la propia Condesa Rusa a los ojos del americano, manteniendo su verdadera identidad oculta.

Foto 07

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Foto 08

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La primera y clandestina velada que mantienen en un Restaurante Maria y Anthony es remarcada por Lubitsch con el plano de una puerta como espacio privado de los dos amantes (Foto-09). De nuevo el lenguaje de la imagen camina en concordancia con el sentido emocional de sus personajes y el conflicto de Maria en revelar su identidad, Lubitsch utiliza la narración limitada de Maria sobre el espectador ya que desconocemos su pasado, jugando a una mecánica de aciertos en hacernos suponer y participar en la historia (Foto-10)

Foto 09

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Foto 10

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Una nueva linea argumental nos presenta un nuevo personaje el de Frederick Barker. Mediante un sutil encuadre de un plano general reflejado en un espejo como objeto dentro un primer plano del tocador del dormitorio vemos entrando al diplomático, llama la atención la colocación de su fotografía con una importancia relevante en un marco sobre la mesa del tocador (Foto-11), a continuación un travelling manteniendo la distancia de encuadre del espejo nos refleja un nuevo descubrimiento, una cama de matrimonio vacía (Foto-12). El siguiente plano es muy revelador, de nuevo la función de una puerta nos traslada a una solución visual donde la narración limitada sobre el espectador es determinante para sacar sus conclusiones, un nuevo espacio se descubre ante nuestros ojos representado por el eje de miradas de Frederick revelándonos otra habitación de matrimonio, en ella se encuentra durmiendo el personaje interpretado por Dietrich (Foto-14), de nuevo el desconocimiento de la narración vuelve a jugar con el espectador tras traspasar el umbral de una puerta mediante la función de la sugerencia.

La funcionalidad del decorado es fundamental para las pistas que necesitamos (Foto-15), el personaje de María realmente es la mujer de Frederick, nuevamente Lubitsch nos hace sugerir con la utilización de una puerta (Foto-16) la clase de relación matrimonial que llevan ambos basada en la falta de comunicación que hay en sus vidas. El espacio filmico vuelve a simbolizar los mundos separados en sus personajes con el uso de las puertas.

Foto 11

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Comentaba Lubitsch “Dejo que el público utilice su imaginación ¿Puedo evitar que malinterpreten mis sugerencias?”. Una frase que conecta con la figura central de la película, un personaje femenino como el de María y sus facetas secretas de identidad.

Lubitsch en todo momento juega a la duplicidad y al engaño donde la puesta en escena tienen un papel muy determinante alrededor del personaje interpretado por Marlene Dietrich, la sugerencia en mostrar y sugerir desde la funcionalidad de una puerta, construyendo de manera muy hábil y en determinadas secuencias la figura femenina como eje central del triangulo amoroso.

La vida separada que mantienen el matrimonio Barker mantiene el sello estético del Cineasta ayudando al espectador a sacar sucesivas conclusiones sin que obtengamos ninguna información precisa con el uso de un dialogo. Mediante el funcionamiento de una puerta nuestra atención es guiada hacia un nuevo equivoco entre personajes, Graham asesor de Frederick decide llevarle al diplomático un telegrama quedando sorprendido que quien le abre la puerta es María (Foto-17), las pistas en el comportamiento y reacciones de Graham al encontrarse a María nos hace suponer que forma de vida matrimonial lleva con su marido, nuevamente el uso de una puerta nos conduce a una idea sin uso de diálogos entre personajes y que el espectador participe dentro de la historia.

Foto 17

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A su vez el espacio de un decorado potencia la idea de dos mundos separados por la continua vida que lleva Frederick como diplomático de la embajada, la sugerencia visual de una puerta vuele a constituir una linea de distancia como lectura en la vida matrimonial de ambos (Foto-18).

Foto 18

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Durante una secuencia de la opera se determina un encuentro causal entre el trío protagonista todo ello conlleva que la dualidad de la personalidad de “María/Ángel”sea desvelada a ojos vista de Anthony Hilton presente en el acto, de nuevo el uso de una puerta conduce a la figura de María a desenmascarar su doble identidad (Foto-19), traspasando de un mundo a otro la dualidad de su personalidad.

Foto 19

Foto 19

Posteriormente una nueva secuencia de la sirvienta de los Baker es clave con la apertura de una nueva puerta acceder a la “habitación-mundo” de María (Foto-20), descubriendo la noche angustiosa que ha pasado tras desvelarse su doble juego de personalidades, las pistas de un cenicero lleno de colillas es suficiente para mostrarnos el conflicto de su protagonista, el espectador debe dilucidar con el uso de la puesta en escena la disyuntiva de un personaje.

Foto 20

Foto 20

Cuatro fotogramas que ilustran una relación de puesta en escena por parte de Lubitsch para moldear a su personaje principal en su conflicto argumental, encauzando nuestra atención a un lenguaje visual de puertas que se abren y se cierran

La secuencia de la velada del trío protagonista alcanza el cenit de la genialidad, Ángel adquiere el eje central sobre los dos personajes masculinos con el juego de identidades ya desvelado entre María y Anthony Hilton, la narración ilimitada sobre Frederick le sirve a Lubitsch para mantener el suspense del relato entre los tres personajes con el secreto de su mujer no descubierto todavía por el marido.

De nuevo la función de una puerta mantiene la idea que simboliza la posición de los actores, María como centro de gravedad del conflicto camina delante de sus personajes masculinos (Foto-21).

Durante la comida los sirvientes entran y salen mostrando de manera metafórica con la entrada de platos (vacío como idea de la ignorancia y llenos como motivo de preocupación) la situación del trío sentimental. Nuevamente Lubitsch introduce un lenguaje subliminal con la función de una puerta de lo que esta ocurriendo entre dos espacios separados. (Foto-22)

Después de la comida Hilton se encuentra frente a la mujer de sus sueños pero no puede decir nada ya que su marido desconoce toda la aventura, de nuevo el uso de las puertas funciona para apoyar el suspense de la narrativa y la esfera de conocimiento entre sus personajes, Frederick es requerido por una llamada de emergencia de su trabajo (Foto-23) momento en el que Hilton y María se quedan solos, nuevamente Lubitsch simboliza con la propiedad del encuadre y la colocación de ambos personajes una idea de secreta relación, reflejando la esfera de los dos amantes mediante la funcionalidad estética de un marco y una puerta que separa dos mundos el de la realidad y el engaño. (foto-24)

Foto 21

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Terminamos el análisis con el papel que vuelve a desempeñar un decorado volviendo a la acción argumental en la Residencia de la Condesa rusa, vital dentro de la resolución y el conflicto argumental del trío protagonista y las puertas como mecanismo narrativo en el área de puesta en escena.

Frederick vuelve a Paris consciente de la doble identidad y el engaño de María que vuelve a citarse con Hilton en la mansión de Anna Dmitrieva, un espacio que vuelve a adquirir enorme relevancia simbólica.

El uso de una puerta que se abre y de la que Angel (su personaje ficticio) emerge a los ojos de su marido (Foto-25), el engaño ha sido descubierto y de nuevo la funcionalidad de la puesta en escena es determinante para ello.

Frederick convencido del engaño y del posterior mensaje de insatisfacción que ha obtenido de su mujer sobre la crisis que sufre su matrimonio, abre una nueva puerta incitado por María a que descubra que el personaje de Ángel esta en esa habitación y no es ella (Foto-26). Lo que obtiene Frederick tras traspasar un nuevo umbral es la absoluta soledad de la habitación (Foto-27) y una lección como reflexión a sus propios errores en su conducta matrimonial. Nuevamente una nueva puerta se abre para Frederick y María después de haber aprendido una lección, un final demasiado abierto en el que Lubitsch no esconde su fascinante mundo de sugerir sobre el futuro del matrimonio británico (Foto-28)

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La conclusión final, la construcción por parte del cineasta alemán de un mundo propio de dobles sentidos, metáforas simbólicas y sutilidades narrativas mediante la funcionalidad de unas puertas que se abren y otras que se cierran para sus personajes. La puesta en escena trasciende desde lo visual para hacer participe al espectador dentro de la historia en un juego de adivinanzas y aciertos.

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